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28 Julio 2017


Hécate: a los pies de la Noche


Ensayos y tentativas
Por Rodrigo Gonzales


Diosa arcaica y preolímpica, patrona de misterios especialmente complicados, Hécate no intervino en la guerra contra los Titanes –aunque era su descendiente directa– y permaneció en una zona de inquietante ambigüedad. Caprichosa y maligna, antojadiza, el solicitante de su favor no sabe nunca si resultará enormemente beneficiado o arruinado o muerto.

A su conjuro, los peces medran en el mar, las aves en el aire y el ganado en la tierra… o todo lo contrario. Su carácter es impredecible, en un mundo que cree en el Fatum (Destino) como tiempo prestablecido pero donde también Zeus y Gea conocen el tiempo, saben ya su desarrollo. Hécate, entonces, otorga un poco de libertad, de margen, de azar y de juego.

Hay testimonio artístico de que, cuando Orfeo descendió al Tártaro, la música de su lira encantó a la diosa-serpiente Hécate. Esta divinidad en su aspecto más oscuro, conmovida por aquellos nunca escuchados acordes, otorgó privilegios especiales a las ánimas iniciadas en los misterios órficos. A diferencia de Ártemis, toda esplendor de plata bajo la luz lunar, Hécate mora en esas oscuridades que hacen a los humanos conocer el terror. Vaga por la tierra, a los pies de la Noche, seguida por una jauría de fantasmales perros plañideros que la anuncian, aullantes. Diosa de la hechicería y las malas artes, de lo arcano y más allá del mundo, es venerada por magos y brujos que le sacrifican corderos y perros negros al fin de cada lunación.

Con Forcis procreó primero al monstruo Escila; después, con Eetes, tuvo a la hechicera Circe y a la maga Medea. Se manifiesta ante sus adeptos con una antorcha en cada mano, o bajo forma de yegua, perra, loba. Dueña del terror nocturno, Hécate envía hacia nuestro sueño a seres como Empusa, comedora de carne humana. Perséfone, diosa infernal, pasa su tiempo subterráneo con Hécate y no con su esposo, y el propio Zeus nunca le niega el antiguo privilegio que siempre la acompaña: conceder o rehusar a los humanos cualquier don que deseen.

Diosa de tres cabezas –leona, perra, yegua–, domina a Cerbero, inexorable can que guarda las puertas de Hades. Se aparece con sus bestias en las encrucijadas, sitios espectrales y endemoniados para los viajeros. Suelen verse ahí estatuas femeninas de triple cuerpo o tricéfalas, a menudo con serpientes anudadas alrededor del cuello. Su árbol es el ciprés.




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