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Exámen Sinaloense

Álvaro Aragón

politica_sinaloa@hotmail.com

15 Octubre 2012


Niños hambrientos, marginación y narcotráfico


La realidad que enfrentará Enrique Peña Nieto opaca el discurso. En México, hay un total de 7 millones de niños que padecen hambre de acuerdo al cálculo que realizó la organización World Vision, A.C., en marzo del 2012, y dado a conocer a través de su director de Marketing, Gustavo Ugalde. 7 Millones de niños de pies descalzos que viven en harapos, agraciados con el “milagro” de una vida infernal.
Gerardo Sánchez García, dirigente nacional de la CNC, denunció que en los últimos sexenios -de Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa-, alrededor de un millón 200 mil niños han muerto por hambre en México y más de 3 y medio millones de infantes trabajan como jornaleros con ingresos de menos de 2 dólares diarios.
Y reveló que en doce años “cientos de niños en pobreza optaron por sumarse a las filas de la delincuencia organizada como jornaleros del narco”.
Las condiciones de “vida” son infrahumanas: la hambruna y las enfermedades en la Sierra de Guadalupe y Calvo cobraron en septiembre la vida de la niña rarámuri Susana Meriche Ramos, de dos años de edad, y sumieron en letal agonía a otros cuatro menores en el Hospital General de Chihuahua –capital-. Otros cientos mueren lentamente, en sus cuevas, en sus ruinas, en la Tarahumara.
José Alberto Rivera de la Universidad Autónoma Metropolitana; Rolando Cordera y Rodrigo Gutiérrez de la UNAM; Abelardo Ávila Curiel del Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán; Julio Boltvinik de El Colegio de México y Alejandro Calvillo de El Poder del Consumidor, advirtieron que la situación alimentaria y nutricional en México será insostenible en el corto plazo si el modelo económico no cambia y se comienzan a redireccionar las políticas públicas.
No es para menos: cada año mueren 8 mil mexicanos por desnutrición -¡de hambre!- y de acuerdo con cifras oficiales, este sistema político-económico-social ha generado 52 millones de mexicanos pobres, 11 millones en pobreza extrema, 5 millones de niños con hambre y un millón de desnutridos, en tanto que la inseguridad alimentaria afecta ya a 25 millones de mexicanos.
En una de sus “tesis encarnadas” sobre la realidad del país, Héctor Bourges Rodríguez, doctor en Nutriología, Premio FAO a la Alimentación 1984, sostuvo que el hambre no provoca violencia, sino pasividad. “Antes de matar físicamente, mata el espíritu. Las comunidades que la padecen se vuelven apáticas, no hay ocasión de juego, ni deporte, ni festejo. Menos de superación de obras comunales”, censuró.
El diagnóstico refleja que en las montañas de Guerrero y Chiapas, y algunas zonas de Chihuahua y el Estado de México, el 10 por ciento de los niños padecen desnutrición. En estas zonas las muertes de infantes por deficiencias alimenticias representan el 4.5 por ciento del total, más del doble que en el resto del país.
En el Coloquio “Adolfo Chávez” Alimentación y Nutrición en México, una Política de Estado, un Proyecto de Nación, Abelardo Ávila Curiel, remarcó que cada año mueren 8 mil mexicanos por desnutrición y dijo que el “desarrollo” económico basado en el modelo neoliberal ya causó la muerte de un millón 300 mil niños mexicanos.
El ombudsman capitalino, Luis Armando González Placencia, aseguró meses atrás que la guerra emprendida por el gobierno de Felipe Calderón contra el crimen organizado ha dejado ya un saldo de 4 mil niños muertos. En el marco del Aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), Placencia agregó que esa estrategia también lleva un saldo de 3 mil 700 huérfanos y al menos 400 menores reclutados por las bandas delincuenciales, en un escenario de 20 mil familias afectadas por la violencia.
La cifra es de escritorio: la realidad es más macabra. Únicamente en un estado, Sinaloa, los desplazados de las comunidades serranas por los efectos de la delincuencia superan las 20 mil familias.
De acuerdo con el Centro de Estudios e Investigación en Desarrollo y Asistencia Social (CEIDAS), basado en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre el 2001 y el 2010 fallecieron 85 mil 343 personas por desnutrición, frente a las 49 mil 804 víctimas por el crimen organizado que registraron la Procuraduría General de la República (PGR) y la Cámara de Diputados. Es decir, esas cifras reflejan que los decesos por hambre en una década son superiores por 35 mil 539 a los causados por los cárteles.
Otras estadísticas son igual de escalofriantes: Juan Martín Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México, informó que de las 50 mil muertes registradas en lo que va de la administración de Felipe Calderón como saldo de la “guerra” contra el narcotráfico, más de mil 300 asesinatos son de niños y adolescentes. Tan sólo en lo que va de este año se han documentado 156 homicidios de menores de 18 años.
El reporte de la barbarie del Instituto Nacional de Estadística y Geografía -Inegi- del 2007 al 2011 alcanzó ya los 95 mil homicidios debidamente documentados.
Para colmo de males, según los reportes -rebasados por la realidad- de la Procuraduría General de la República y de la Secretaría de la Defensa Nacional, hay 4 mil 44 niños vinculados con el crimen organizado.
EDUCACIÓN MERCANTILIZADA
En simbiosis, la hambruna y la mercantilización de la Educación Básica fabrican una generación de niños y jóvenes resentidos, rebeldes. El Informe Delors presentado en la UNESCO en 1996 esbozó con mucha claridad el problema: “una educación concentrada en saberes y haceres que descuidaba la identidad humana: el ser y el convivir”, no eleva el pensamiento. Y más que eso: en México la educación raya en el comercio.
Se han prostituido las estructuras pedagógicas. El comercio “educativo” se expande a la cuota, la tarifa. La rifa y cooperación económica.
El creciente vacío existencial en las nuevas generaciones, propiciado por deficientes proceso de educación y comunicación en el hogar y en la escuela y el hambre en millones de casas mexicanas convirtieron a los niños y jóvenes en presa fácil de las adicciones y de las organizaciones criminales.
El reclutamiento de cientos, miles, de niños y muchachos por las redes criminales, es una realidad. El narco ha infiltrado con gran facilidad, principalmente, a “Los de Abajo”. La propuesta criminal sacia el hambre y rompe los frágiles y desorientados esquemas de valores de la Generación sin Destino.
En ciudades enteras, sindicaturas, poblados, rancherías, de Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa, Guerrero, Michoacán, y otros estados de la República del Petróleo y del Impuesto, el narcotráfico es considerado como un prototipo a seguir. Sin otras opciones, el ser niño y joven predispone el ingreso a una comunidad de violencia.
El narcotráfico gana entonces espacios: los huecos formativos que deja la escuela oficial, los cubre la Escuela del Narcotráfico; y no necesita aulas, ni programas ni libros de texto. Construye sueños en los niños y disciplina en los muchachos y adultos y les asegura trabajo. Una fuente de ingresos. La organización “escolar” del narco es eficaz y envidiable, muy superior a la estructura burocrática de la escuela oficial, la cual se mercantilizó. Perdió sus valores.
El nuevo modelo de Escuelas de Tiempo Completo se mutó en “restaurante escolar”. Se convirtió en negocio del director. Las ETC son centros de marginación de niños y jóvenes pobres, a quienes se les relega de los beneficios del programa por no pagar “cuotas alimentarias”: redujo su misión a la venta de comida, a la simulación instructiva, pragmática, mentirosa y segmentada de la realidad social, olvidándose de la formación de valores sociales.
La Generación sin Destino es ahora la Generación del Narco, rica veta para reclutar a sus nuevos cuadros por miles, ante la indiferencia, tibieza, ignorancia, incapacidad y hasta complicidad y corrupción de los gobernantes.
El estigma de maldad del narcotráfico es canjeado por los niños y jóvenes por la posibilidad de bienestar material. El gobierno mexicano no le ha garantizado la satisfacción de sus necesidades básicas.




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